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Kick butt tips, tricks and tutorials.

Hoy iniciaron las vacaciones en el kinder de mi hija por lo que rápidamente sentí la emoción de pensar en todas las actividades divertidas que podremos hacer juntas en este verano.

 

Al repasar en mi mente algunas actividades para hoy recordé uno de mis hobbies favoritos, cuando tengo tiempo, energía y la cocina recogida: ¡¡COCINAR!! pero no es nada más cocinar por cumplir las porciones de comida necesarias para mi familia, sino más bien como un acto de exploración, de usar mi creatividad, de descubrir una receta nueva, experimentar con nuevos sabores, de seguir una receta como si fuera un mapa a un tesoro escondido, con la emoción de adentrarme a un territorio nuevo y desconocido.

 

Fue así que abrí mi nuevo libro “Placeres Veganos” y hojeé las recetas, observé bien las hermosas fotografías para ver qué platillo se me apetecía más, leí varias listas de ingredientes para asegurarme que la receta elegida fuera una que yo tuviera -la gran mayoría de- los ingredientes.

 

Seleccioné a la indicada, página 44, “Champiñones rellenos”. Coincidentemente poseía yo en mi refrigerador los más grandes y bellos champiñones que he comprado en años.

 

Lavé los champiñones y los sequé. Retiré los tallos de los champiñones y los piqué. Sofreí los tallos de los champiñones en una cucharada de aceite de oliva. Tosté 3 rebanadas de pan de caja integral y los corté en dados pequeños.

 

Upps, la receta pedía jitomates cherries y de los únicos que tenía en mi refrí eran los jitomates bola. Así que lavé, sequé y corté en pequeños dados dos de ellos.

 

Precalenté el horno eléctrico a 160 grados C.

 

Upps, de nueva cuenta, dos ingredientes más que no tenía, ni perejil, ni avellanas. Ambos se requerían en la receta para preparar un pesto.

 

Decidí omitir el pesto. Pensé sin estresarme “haré lo mejor que puedo con lo que tengo”.

 

Mezclé los dados del pan tostado, los tallos de champiñón sofritos, el jitomate en cuadritos. Condimenté con sal, pimienta, una pizca de azúcar y unas gotas de jugo de limón.

 

El diente de ajo y las gotitas de jugo de limón que sí tenía y que ya no prepararía en el pesto resolví adjuntarlas de todas formas para agregar algo de sabor a la mezcla del relleno del champiñón.

 

Rellené los champiñones con la mezcla y los horneé por 10 minutos.

 

Me senté a probarlos recién salieron del horno. El sabor iba a ser una sorpresa para mí de todas formas, por lo que no sabía muy bien qué esperar, pero estaba abierta a probar sin juzgar, si el experimento resultaba en una delicia o si era primera y última vez que intentaría cocinarla, no pasaba nada.

 

Mi conclusión sobre la receta fue que los ingredientes estaban en excelente estado y eso se podía degustar y disfrutar. El champiñón enorme, fresco y crocante. La mezcla del relleno era de una mezcla de sabores que no podía reconocer haber probado algo igualito antes. Notaba el sabor del limón, el jitomate fresco, el pan tostado ahora humectado de los juguitos de la mezcla, el ajo. Creo que un poco más de sal y pimienta y no se diga el PESTO que omití hubieran añadido algo interesante al sabor de todo el platillo.

 

¿Cómo me sentí al terminar de degustar mi platillo?

 

Muy bien, con mucha paz, cocinar para mi es casi un ejercicio de meditación: tienes que estar concentrado, seguir las indicaciones y evitar las distracciones. Cocinar tiene también un inicio y tiene un final. Por lo que pude disfrutar la alegría de concluir, la alegría de terminar. También me sentí orgullosa por haber comido y haberle proporcionado a mi cuerpo, un platillo saludable, algo que lo nutra y ponga bello de adentro hacia fuera.

 

Pero sobre todo, me sentí feliz de practicar mi flexibilidad, por adaptarme y no permitirme sentir ninguna clase de estrés por no cumplir al 100% con la receta.

 

Me sentí orgullosa por mi disposición a dejarme sorprender por las cosas pequeñas de la vida, de disfrutar el momento, de practicar estar aquí y en el ahora, de asumir, que tal vez, la próxima vez trataré agregarle más sabor con la elaboración del pesto y ver cómo queda eso.

 

Estos momentos de exploración culinaria, seguidos de una serena reflexión sobre lo aprendido, me hacen sentir que disfrute enormemente la experiencia. Disfruté tanto hacer algo nuevo y me motiva a seguir explorando nuevas recetas.

 

Este sin duda fue un momento para mí. Para mi “yo interno”. Para mi “yo niña, juguetona, aventurera”.

 

Y por simple que parezca, el origen de esta paz que encuentro hoy en mí, te lo deseo a ti.

 

Y me gustaría preguntarte ¿Cuándo fue la última vez que jugaste, que exploraste, que te concentraste en algo que te gusta mucho hacer, sin que te apresurarás por el tiempo?

 

Si lo recuerdas con facilidad por favor compártemelo en los comentarios.

 

Si no lo recuerdas tan fácil te quiero retar a algo. Que esta semana te dediques al menos dos horas para hacer algo que te guste mucho hacer SOLO, donde sólo disfrutes de ti, tu mente y tus pensamientos. Donde tu creatividad y tú se vean la cara. Donde le digas “¡Ah ahí estabas!!!!???, ¡¡¡qué padre es jugar contigo creatividad!!!, vente más seguido a mi vida diaria ¿no?, ¡Es que, creatividad, TÚ haces todo más divertido!.

 

Gracias por leerme. Si te gusto esta entrada de mi blog, por favor dale like, comenta y comparte. Vamos viendo a cuantos de ustedes les nace invitar a salir a su creatividad.

 

Con cariño,

Karla

 

 

 

 

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